El estigma social: qué es y cómo afecta al bienestar emocional
- NoemiUrk

- 26 jul 2022
- 3 Min. de lectura
Actualizado: 26 mar
Hoy en día se habla que hay que superar el estigma de las enfermedades mentales.
El estigma no es solo una opinión negativa, sino también el desconocimiento, el miedo y la tendencia a etiquetar y reducir a la persona a un diagnóstico.
Pero quien está en mi piel, sabe que no puedes hablar abiertamente sobre este tema, porque hay pocas personas que lo comprenden y no enjuician.
Hace un tiempo conocí a alguien que hablaba abiertamente sobre su enfermedad mental. Le aplaudo por ello. Me informó sobre las organizaciones que hay para lidiar con los estigmas sociales sobre la salud mental. Pero poco se puede hacer si siguen juzgándote.

Vivirlo en silencio
Yo he aprendido a callar. Me sorprendo cuando tengo la capacidad de decir que tengo un trastorno mental. Normalmente son personas que van a estar en mi vida pero no de forma muy cercana. En mi familia saben que tengo un problema pero muy pocos me han preguntado sobre ello. Y otros van diciendo que estoy enferma, que me dejen tranquila.
Cuando he intentado hablar sobre el tema, la gran mayoría de veces me he sentido incomprendida y juzgada. Y tampoco entiendo que todo mi carácter lo definen por el trastorno mental. Por ejemplo, si me enfado es por el trastorno, no por una causa "razonable".
Esa mirada hace que la identidad quede reducida a una etiqueta, como si todo lo que eres pudiera explicarse desde ahí.
El esfuerzo invisible para ocultar el trastorno mental
Por supuesto, en los trabajos he intentado ocultar todo lo relacionado al trastorno. Aunque ahora, ya hace tiempo, que me resulta imposible trabajar en una empresa con pautas, horarios, etc. Algunas veces, se ha malinterpretado que busco la baja para no trabajar.
Desafortunadamente mis cambios emocionales a veces no he podido ocultarlos. Y aún así, he hecho grandes esfuerzos para mantener una estabilidad en el trabajo, en los estudios, con la familia… con las máscaras… con la máscara que oculta toda mi verdad.
Es un esfuerzo constante de adaptación, de camuflaje emocional, que con el tiempo acaba agotando.
Cuando la inestabilidad me sobrepasaba, cuando he podido, he dado una excusa y me he quedado en casa. Claro está que los médicos te dicen que no te quedes en casa, que luches. Pero hay días en los que ya no puedo más.
A veces hay una tensión entre lo que se espera “funcionalmente” y lo que realmente estás viviendo por dentro.

Entre aceptación y juicio social
Ya no lucho contra mis emociones ni mi estado emocional. Lo he aceptado. Sé que al día siguiente de tener un bajón, o en tres días, me levantaré y tendré energía para comerme el mundo.
Soy una luchadora nata, he combatido para cambiar de trabajo, he batallado por mejorar algo que estaba a mi alcance... Pero si luchas por controlar las emociones: te agotas, te destrozas, te consumes…
Y no, yo no puedo decir que soy una enferma mental. Porque me han juzgado, porque he percibido cambios sutiles en la gesticulación de quien me estaba mirando mientras se lo intentaba explicar, porque la conversación interesante que se llevaba hasta ese momento cambia cuando yo revelaba la información; porque el ligero nerviosismo de la incomodidad aparecía a quien me escuchaba…
Ese tipo de reacciones acaban generando autoestigma, la sensación de que es mejor no decirlo, de que es más seguro ocultarlo.
Y no, yo no puedo decir que soy una enferma mental. Porque me han juzgado, porque he percibido cambios sutiles en la gesticulación de quien me estaba mirando mientras se lo intentaba explicar, porque la conversación interesante que se llevaba hasta ese momento cambia cuando yo revelaba la información; porque el ligero nerviosismo de la incomodidad aparecía a quien me escuchaba...
Es el estigma de una sociedad desinformada y de muy fácil crítica para con los demás. Y en la que el juzgar a otra persona es un hábito demasiado común, muchas veces sin ser consciente de ello, pero con un impacto muy real en quien lo recibe.
NoemiUrk Mi experiencia personal en TLP
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