top of page

Estabilizar las emociones

  • Foto del escritor: NoemiUrk
    NoemiUrk
  • 25 mar 2018
  • 3 Min. de lectura

Actualizado: 17 abr

Cuando las necesidades físicas están mínimamente cubiertas —tal como explico en →  Cuidar el cuerpo: la base del equilibrio emocional— puedo empezar a centrarme en estabilizar mis emociones. Sin esta base, cualquier intento de protección emocional se vuelve frágil o insuficiente.


Hay momentos en los que no podemos cambiar lo que sentimos de forma inmediata, pero sí podemos influir en cómo nos sostenemos dentro de ello.


Observándome a mí misma y mis reacciones, he ido aprendiendo algunas técnicas para protegerme. No siempre consigo evitar el impacto emocional, pero sí reducir ese “disparo” que siento en todo el cuerpo cuando algo me desborda, o al menos aliviarlo lo antes posible.


También he comprobado que hay momentos en los que, por mucho que lo intente, nada funciona. Cuando estoy muy saturada o desanimada, vuelvo a lo esencial. Retomar lo básico —descanso, alimentación, calma, espacio— suele ser la forma más realista de empezar a sostenerme.



Mujer en un invernadero



Personas que afectan negativamente

Aprender a tomar distancia de aquellas personas que generan malestar de forma continuada es importante.


O al menos a reducir el contacto cuando es posible. 


Me refiero, por ejemplo, a personas que viven instalados en la queja constante o en la crítica hacia los demás. Personalmente, estar expuesta de forma repetida a ese tipo de dinámica acaba afectándome, aunque no siempre sea consciente en el momento.


Piensa con calma qué personas te afectan de forma negativa y cómo puedes reducir el contacto con ellas o, si no es posible, cómo puedes protegerte para que no te influyan negativamente.



Personas que aportan equilibrio

Del mismo modo, procurar acercarse a personas que ayudan a ver las cosas con más ligereza: quienes saben relativizar, reírse de lo cotidiano, apoyar en los buenos momentos y también en los más difíciles, escuchar y acompañar sin juicio.


No se trata de idealizar a nadie, sino de reconocer qué tipo de vínculos me ayudan a regularme mejor.


Esto, por supuesto, debe ser mutuo. Si pido comprensión y apoyo, es porque estoy dispuesta a ofrecer lo mismo, o incluso más.


Ahora piensa en ti y observa qué tipo de equilibrio estás construyendo en tus relaciones.



Elegir un entorno que favorezca la estabilidad emocional

También intento cuidar el tipo de entornos en los que me muevo. 


Los lugares muy concurridos o ruidosos pueden resultarme especialmente agotadores, así que, cuando puedo, los evito. Y cuando no es posible, intento prepararme o elegir momentos en los que me siento con más energía.


Pero ese es mi caso, hay personas que se encuentran bien cuando hay muchas personas a su alrededor. Por lo que cada uno debe buscar el entorno que mejor le favorezca.


Observa qué entornos te regulan y cuáles te desgastan.




Calle transitada con muchas personas caminando


Recursos de regulación

Buscar pequeñas cosas que ayuden a volver a un estado más estable es importante: la música, el arte, caminar, la naturaleza o simplemente el silencio. 


No siempre son grandes soluciones, pero sí apoyos que ayudan a reequilibrar.


Cuando algo te haga sentir bien y feliz, puedes anotarlo. Anota todo lo que se te acuda a la mente. Y cuando sientas que necesitas un recurso, acude a tus anotaciones.



El enfado y la responsabilidad emocional

Cuando aparece el enfado, intento no descargarlo sobre los demás. Es una emoción legítima, pero la forma en que se expresa forma parte de la responsabilidad personal.


Detenerme un momento y observar cómo reacciono en esos momentos también me ayuda a comprenderme mejor: si grito, si me bloqueo o si reacciono desde la impulsividad.

Cuando me enfado, asumo la responsabilidad de calmarme.

Para tranquilizarme, puedo buscar el apoyo de alguien que confíe, puedo mover el cuerpo, salir a caminar o buscar una forma de liberar la tensión sin hacer daño ni hacia fuera ni hacia mí.


Puedes recordar esos momentos en los que pierdes la calma y observa cómo has actuado.


La comunicación entre dos personas cambia mucho cuando hay calma. Gritar solo aumenta la tensión o bloquea la respuesta del otro. A veces incluso es necesario parar, recuperar el equilibrio y retomar la conversación más adelante.Observa cómo cambian tus conversaciones cuando consigues volver a la calma.



Espacio energético

He aprendido también a proteger mi espacio energético. 


Cerrar mi aura no significa aislarme del mundo, sino evitar que energías nocivas conecten conmigo. Y si siento que me he impregnado de negatividad, utilizo diferentes técnicas para expulsarla y volver a centrarme.


No como aislamiento, sino como una forma de no absorber de manera excesiva lo que me rodea.


Observa cómo sueltas tú lo que ya no te pertenece.


NoemiUrk

Feliz sabiduría y amor... y equilibrio



Puedes complementarlo con:



Comentarios


Suscríbete para recibir actualizaciones

© 2018-2026 Creado por NoemiUrk

Esta página no usa cookies de terceros ni propias, solo las necesarias para su funcionamiento.

bottom of page